martes, 31 de agosto de 2010

Reflexión de un martes lluvioso

El dilema parte de la siguiente pregunta: "¿qué es peor: la ignorancia o el conformismo?". "El conformismo, definitivamente" me respondí a mí mismo. Pero después lo pensé dos veces. ¿Qué se entiende por "peor"?
Paso a explicarme. En principio, el conformista es más culpable que el ignorante. El conformista elije serlo, sabe que hay otros caminos, otras posibilidades. Que si se propone resignar ciertas cosas, puede hacer que su vida sea menos mediocre. En cambio, el ignorante es ignorante casi por obligación. Nadie nunca lo dejó elegir. Se crió en su ignorancia y por ende, no tiene la posibilidad de optar. Eso lo exime de toda culpabilidad. El ignorante no conoce otra salida, no sabe que puede cambiar su vida.
Ahora bien, me vuelvo a preguntar qué es peor. Pero esta vez, no me refiero a quién es más culpable. Me refiero a quién la pasa peor. Y la respuesta sigue siendo exactamente la misma. Definitivamente, el conformista, por ser culpable, debe cargar consigo un malestar que lo angustia profundamente. Él sabe que puede hacer cosas para cambiar el mundo, para cambiar, al menos, su vida. Pero el Sistema no se lo permite. Termina resignándose ante el miedo, pero siendo muy consiente de su decisión. La impotencia es el sentimiento con el que debe lidiar. En cambio el ignorante, suele estar feliz -o mejor dicho, creerse feliz- dentro de su ignorancia. No sabe que hay otros caminos, otras cosas más allá de las poca que conoce, no sabe que su vida es mediocre. Entonces, creé haber alcanzado la plenitud espiritual.
Por último, cabe preguntarse: ¿se puede pasar de ser conformista a ignorante? No. Una vez que uno logra correrse de la ignorancia -aunque sea parcialmente-, no puede dejar de "saber". Entonces, si decide conformarse con lo que tiene, ya no lo hará con esa inocencia que hace impune al ignorante. Ahora sí, uno puede elegir ser ignorante en ciertos temas. Pues entonces, eso lo hace conformista. Y por consecuencia, se lo puede acusar de culpable y deberá cargar con la sentencia que le corresponda.
Eso explica mis ganas de ser un poco más ignorante a veces. Pero sigo sin estar seguro de que la ignorancia sea mejor que el conformismo.

domingo, 29 de agosto de 2010

10 verdades domingueras

01- Sí, todavía hay gente que sube fotos a su Fotolog.
02- Mido 1.97 y le tengo miedo a las alturas. Irónico, ¿o no, Alanis?
03- Cambiar una noche de boliche por una peli con amigos hace bien.
04- En el caso del ítem 3, eviten ver "Cloverfield" y la van a pasar mejor.
05- Nunca hay planes divertidos los domingos primaverales por la tarde (o sí, pero nadie me avisa).
06- Siempre hay cosas pendientes para hacer los domingos primaverales por la tarde y pocas ganas de hacerlo.
07- Me duele la espalda. Tengo que mejorar mi postura.
08- Se viene una semana laaaaaaarga.
09- La mayor taza de suicidio se da los Domingos. Todo tiene sentido.
10- Facebook no me deja subir esta publicación porque "excede la cantidad de caracteres permitidos". Recurro al Blog porque no me censura! Ja.

miércoles, 25 de agosto de 2010

La terapia de afeitarse

Siendo fiel a mi nuevo -y no necesariamente sano- hábito de publicar todo lo que pasa por mi mente -casi- sin filtros, a continuación les dejo un compilado de frases que se me vinieron a la cabeza durante los veinte minutos que duró mi última afeitada:

"No tendría que haber esperado dos semanas para volver a afeitarme."
"¿Será físicamente posible afeitarse sin cortarse?"
"Los hombres también pagamos con sangre."
"¿Dónde escondería todos estos granos si no tuviera flequillo?"
"¿Y cómo disimularía esta nariz si fuese pelado?"
"¿Y si me pelo?"
"Ay, mierda. Me corté."
"¿Me afeito todo o me dejo el bigote?"
"¡Qué diferente sabe el agua cuando está caliente que cuando está fría!"
"Tengo que acordarme de escribir todos estos pensamientos en el Facebook."
"Ah, no. Hoy ya publiqué en Facebook algo. Mejor en el blog."
"Pero no lo leé nadie... Bueno, lo escribo en el blog y después lo publico en Facebook."
"Puta. Me corté otra vez."

domingo, 8 de agosto de 2010

Despedida

¿Una carta? No. Automatismo puro. Lo que salga. ¿Por dónde empezar? Perdón por no haber sido el hombre que yo mismo hubiera deseado ser para vos. Perdoname por cada lágrima que te causé. Por no apreciarte como te lo merecías. Porque a veces, ocupado conmigo mismo, te perdí de vista a vos, lo más importante que me pasó en lo que llevo de vida en este mundo. Perdón si no te pude acompañar en los momentos de felicidad así como en los de angustia. Perdón por estas palabras, si te hacen mal, si te confunden. Perdón si alguna vez te hice sentir poca cosa, si no te presté la atención que demandabas. Me disculpo por mis malos humores. Por quedarme dormido en tu regazo cuando vos querías hacer algo más divertido. Por no decirte cada día lo hermosa que sos y la bendición que fuiste en mi vida. Llegaste cuando dejé de buscarte. Como te dije algunos días atrás, lograste dejar de ser mi plan “B” para convertirte en mi prioridad número uno.

Gracias por alegrarme tanto la vida. Por ayudarme a ser lo que soy y nunca tratar de cambiarme. Por aceptarme y quererme aún en los días que no me bañaba. Por amarme. Por cuidarme y protegerme. Por amar tanto a mi familia. Gracias por acompañarme en mis caprichos, en mis proyectos. Gracias por haberme hecho parte de esa maravillosa familia que te rodea. Por haber sido la mujer perfecta. La que no reprocha, la que confía, la que ama, la que da generosamente. Gracias por haberme dejado romper ese muro que te cubría y dejarte enamorar. Por los momentos hermosos. Por los buenos recuerdos. Por haberme entendido.

Te deseo lo mejor. Porque eso es lo que te merecés. Sos bondad pura. Sos un ángel. Fuiste la solución a mis problemas. La princesa más hermosa. Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Y si no es así, que en el tuyo encuentres la felicidad por la que tanto luchás.

Te amo.

Jota.