domingo, 8 de agosto de 2010

Despedida

¿Una carta? No. Automatismo puro. Lo que salga. ¿Por dónde empezar? Perdón por no haber sido el hombre que yo mismo hubiera deseado ser para vos. Perdoname por cada lágrima que te causé. Por no apreciarte como te lo merecías. Porque a veces, ocupado conmigo mismo, te perdí de vista a vos, lo más importante que me pasó en lo que llevo de vida en este mundo. Perdón si no te pude acompañar en los momentos de felicidad así como en los de angustia. Perdón por estas palabras, si te hacen mal, si te confunden. Perdón si alguna vez te hice sentir poca cosa, si no te presté la atención que demandabas. Me disculpo por mis malos humores. Por quedarme dormido en tu regazo cuando vos querías hacer algo más divertido. Por no decirte cada día lo hermosa que sos y la bendición que fuiste en mi vida. Llegaste cuando dejé de buscarte. Como te dije algunos días atrás, lograste dejar de ser mi plan “B” para convertirte en mi prioridad número uno.

Gracias por alegrarme tanto la vida. Por ayudarme a ser lo que soy y nunca tratar de cambiarme. Por aceptarme y quererme aún en los días que no me bañaba. Por amarme. Por cuidarme y protegerme. Por amar tanto a mi familia. Gracias por acompañarme en mis caprichos, en mis proyectos. Gracias por haberme hecho parte de esa maravillosa familia que te rodea. Por haber sido la mujer perfecta. La que no reprocha, la que confía, la que ama, la que da generosamente. Gracias por haberme dejado romper ese muro que te cubría y dejarte enamorar. Por los momentos hermosos. Por los buenos recuerdos. Por haberme entendido.

Te deseo lo mejor. Porque eso es lo que te merecés. Sos bondad pura. Sos un ángel. Fuiste la solución a mis problemas. La princesa más hermosa. Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Y si no es así, que en el tuyo encuentres la felicidad por la que tanto luchás.

Te amo.

Jota.