lunes, 8 de agosto de 2011

Crónicas azules


Qué difícil tarea la de describir mi fugaz visita a Azul sin que mis palabras suenen altaneras y parezcan responder a una suerte de resentimiento lógico. Intentaré entonces construir un discurso que, sin abandonar bajo ningún punto de vista el compromiso de honestidad que asumo a la hora de escribir, conserve los códigos de politeness necesarios para no herir susceptibilidades.

El viaje comenzó a las 6:00 hs del domingo y finalizó aproximadamente a la misma hora del día siguiente. Recorrimos cerca de 600 kilómetros en tren y micro en el lapso de 10 horas. Durante las 14 restantes caminamos alrededor de 6 kilómetros. Gastamos no más de $300 cada uno y el promedio de sueño conciliado entre los tres apenas llega a las 5 horas.

Nadie parecía estar esperándonos en Azul. La calma que proponía el Cementerio Único al caminar entre sus bóvedas no difería demasiado a la percibida en las calles de la ciudad. Claro, era domingo por la tarde. Cada tanto, algún perro se nos unía en nuestro recorrido y luego volvía a desaparecer. Era fácil imaginar a los propietarios de las viviendas por las que pasábamos tomando una siesta o haciendo la sobremesa del asado familiar.

Las pocas personas con las que tuvimos contacto reflejaron a la perfección la suavidad y hospitalidad que caracteriza al bonaerense alejado del frenesí porteño. Un poco cansados por el viaje y protegidos por el cálido abrazo de un sol invernal a la orilla del arroyo, decidimos dejarnos guiar por el curso del mismo. Así fue que llegamos al Parque Municipal Domingo Faustino Sarmiento, donde vimos, durante nuestros primeros segundos allá adentro, más personas que en el transcurso de las horas anteriores en el resto de la ciudad. Familias y niños completaban una imagen que mi inconsciente designó como la más representativa de Azul para alojar en mi memoria.

El reloj de la Catedral Nuestra Señora del Rosario marcaba las 17:30 hs cuando pasamos frente a ella. Se aproximaba la hora de concretar el único plan premeditado del viaje. Aquél por el cual nos habíamos trasladado 300 kilómetros en primera instancia. No muy lejos de la plaza central, pleno corazón de Azul, se daría inicio a una pequeña ceremonia de la que (Des)encuentro formaba parte: la tercera edición del Festival de Video Joven de Azul.

2 comentarios:

Basta Fuerte dijo...

Muy bueno el blog, te dejo el mio

http://basta-fuerte-radio.blogspot.com/

Nos leemos, saludos.

Robert dijo...

Me gusta la primer entrega de tu cronica. Looking forward por ver el resto.