sábado, 21 de enero de 2012

El cielo que me mira

En la terraza de un décimo piso, la noche amenaza con una tormenta inminente.

Algunos
ven
relámpagos.

Algunos
ven
estrellas
fugaces.

Hay un sólo reflector, cerca de la parrilla.
Por un accidental juego de luces, el contraste en los objetos y las personas presentes es de un ratio altísimo.

Mitad iluminados.
Mitad oscuros.

Somos todos mitades.

Por momentos, seres sociales. Obligados por el protocolo de la cultura asadera, nos hablamos, nos conocemos, compartimos historias, anécdotas.

Y a veces, nos abstraemos. Cada uno en una punta distinta. O no, todos muy juntos pero separados.

Y me pregunto qué pasaría si el centro de gravedad cambiara de lugar.
Es tan recurrente este pensamiento...

El deseo más profundo; que el centro de gravedad nunca cambie de lugar.

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