martes, 24 de abril de 2012

Forros


Hay una especie en desarrollo dentro de la masa humana que habita el planeta Tierra. Algunos estudiosos de la materia han querido trazar patrones claros que la identifiquen, pero se les ha hecho imposible. No discriminan género, edad, clase social, nacionalidad o color. Los forros tienen la habilidad de adoptar cualquier forma y se adaptan a cuanto hábitat se los exponga.

Según cuenta la mitología, esta raza tuvo su génesis en el vientre de alguna prostituta gigante, motivo por el cual también adoptan el nombre de “hijos de una gran puta”. Se identifican por defecar sobre las pieles de sus víctimas, cagándose literalmente en el prójimo. Suelen tener una visión anatómica errada del Cosmos; ellos creen ser el "ombligo" del mundo.

Se alimentan de la humillación ajena. No tienen estómago; todo lo que colectan lo guardan directamente en su ego, cuyo tamaño varía acorde al nivel de bajeza a la que someten a sus víctimas.

Herramientas de seducción, les sobran.  Son cautelosos, trabajan en silencio y largan el veneno en el momento de mayor susceptibilidad de su víctima.

Lamentablemente, hasta el momento no se ha comprobado la existencia fehaciente de métodos preventivos que logren mantenerlos lejos. Se recomienda andar con cuidado y estar alerta. Las heridas que producen pueden ocasionar daños a largo plazo, o incluso, permanentes e irreversibles.

martes, 10 de abril de 2012

Sin herramientas

La escucho cantar con el desgarrador deseo de no perder a su amante. Su voz ronca y su acento español acompañan una melodía tan simple como despojada... Tan honesta que el mismísimo silencio se rinde ante su canto al dolor.

Este otro pinta con sorprende habilidad los trazos de una obra que no se entiende; se siente. Quien intentara traducir en palabras lo que está hecho sólo para el deleite de los ojos, se pierde la verdadera esencia de esa genuina expresión de desamparo ante la que su autor nos expone.

Son varios los que hacen de las letras un verdadero arte del sentimiento. ¡Qué difícil resumir en caracteres lo que el alma no es capaz de develarnos claramente! Y sin embargo, ellos, poderosos dioses de sus inmensos mundos, logran acceder directo a nuestras fibras más sensibles, sin el previo consentimiento de nuestro órgano represor.

Todos ellos encuentran la forma de decirles a sus enamorados lo mucho que valoran su presencia y lo costoso que les resulta imaginarse sin ellos. Yo, en cambio, no encuentro herramientas para expresar la intensidad con la que tu mirada penetró en mi pecho. No hallo la forma de escupir el sabor amargo que esa pequeña porción de vos dejó en mis labios. Sólo me queda llorar hasta que se seque mi lagrimal y se desempañen mis ojos, liberando mi mirada y dejándola a disposición de una nueva persona que cure las heridas, que imagino, permanecerán abiertas un tiempo más.

miércoles, 4 de abril de 2012

Encuentro con Franco y Nahuel I

Franco llegó tarde. Bastante tarde.

Con Nahuel lo estuvimos esperando alrededor de una hora, sentados en una de las mesas que están pegadas contra la ventana del café, desde la cual se puede observar cómo la gente, allá afuera, se apura por llegar a sus casas. Ya no quedan rastros del sol para estas horas.

"Le encanta ser el último en llegar" se animó a decirme Nahuel. Luego, bebió un sobro de su agua mineral y volvió la vista hacia la calle. Estoy seguro de que, desde la elaboración de dicha conclusión hasta su exposición verbal, han de haber pasado varios minutos. Nahuel no es de los que dicen las cosas sin pensarlas antes.

Tomé su comentario con una sonrisa cómplice: los dos creíamos conocer lo suficiente a Franco como para saber que esa afirmación era totalmente cierta. Franco mide su llegada tarde. Sabe exactamente con cuánta demora va a arribar. Disfruta que todos los estén esperando, ser el centro de atención.

Y ésta no fue la excepción. Lo vimos cruzar la calle mientras se prendía un cigarrillo. Cuando nos descubrió mirándolo, esbozó una sonrisa y levantó su mano derecha en forma de saludo. Con ese pequeño gesto, ya nos había comprado. Es seductor. Se sabe seductor.

Entró, nos saludó con un beso en la mejilla a cada uno y se sentó con pesadez. Dejó su mochila caer al suelo e hizo una mueca de cansancio.

"¿Cansado?" atiné a decir. Mi modo cordial de demostrar interés le bastó para soltar una catarata de acontecimientos que le habían ocurrido durante la jornada. No pude evitar observar un brillo en los ojos de Nahuel mientras lo oía hablar. Cada tanto, bajaba su mirada, como si le pesara mantenerla en dirección a Franco. Comenzó a comerse la uñas.

"Uy, perdón. ¿Les jode?" se interrumpió a sí mismo mientras colocaba su brazo por detrás del respaldo de la silla para evitar que el humo del cigarro invadiera nuestra mesa. Ninguno de los dos le contestó. Tampoco le interesó demasiado. Porque a Franco nunca le interesa mucho lo que le pasa al otro. Sólo finge hacerlo. Entre nosotros, no le sale muy bien, le cuesta sostenerlo.