miércoles, 4 de abril de 2012

Encuentro con Franco y Nahuel I

Franco llegó tarde. Bastante tarde.

Con Nahuel lo estuvimos esperando alrededor de una hora, sentados en una de las mesas que están pegadas contra la ventana del café, desde la cual se puede observar cómo la gente, allá afuera, se apura por llegar a sus casas. Ya no quedan rastros del sol para estas horas.

"Le encanta ser el último en llegar" se animó a decirme Nahuel. Luego, bebió un sobro de su agua mineral y volvió la vista hacia la calle. Estoy seguro de que, desde la elaboración de dicha conclusión hasta su exposición verbal, han de haber pasado varios minutos. Nahuel no es de los que dicen las cosas sin pensarlas antes.

Tomé su comentario con una sonrisa cómplice: los dos creíamos conocer lo suficiente a Franco como para saber que esa afirmación era totalmente cierta. Franco mide su llegada tarde. Sabe exactamente con cuánta demora va a arribar. Disfruta que todos los estén esperando, ser el centro de atención.

Y ésta no fue la excepción. Lo vimos cruzar la calle mientras se prendía un cigarrillo. Cuando nos descubrió mirándolo, esbozó una sonrisa y levantó su mano derecha en forma de saludo. Con ese pequeño gesto, ya nos había comprado. Es seductor. Se sabe seductor.

Entró, nos saludó con un beso en la mejilla a cada uno y se sentó con pesadez. Dejó su mochila caer al suelo e hizo una mueca de cansancio.

"¿Cansado?" atiné a decir. Mi modo cordial de demostrar interés le bastó para soltar una catarata de acontecimientos que le habían ocurrido durante la jornada. No pude evitar observar un brillo en los ojos de Nahuel mientras lo oía hablar. Cada tanto, bajaba su mirada, como si le pesara mantenerla en dirección a Franco. Comenzó a comerse la uñas.

"Uy, perdón. ¿Les jode?" se interrumpió a sí mismo mientras colocaba su brazo por detrás del respaldo de la silla para evitar que el humo del cigarro invadiera nuestra mesa. Ninguno de los dos le contestó. Tampoco le interesó demasiado. Porque a Franco nunca le interesa mucho lo que le pasa al otro. Sólo finge hacerlo. Entre nosotros, no le sale muy bien, le cuesta sostenerlo.

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