domingo, 20 de mayo de 2012

Vómito verborrágico de un domingo nostálgico.

Estoy cada vez más convencido de que no me enamoré de vos por vos. Que todo pudo haberse debido a las circunstancias dadas. Que quizás, si la luna no hubiera estado tan llena esa noche, su reflejo en el dique no habría iluminado tus ojos tal como lo estuvieron. No habría existido ese destello en tus pupilas y, entonces, tal vez, tu mirada no habría tenido tanta trascendencia, tanto peso sobre la mía.

Si aquella no hubiera sido la noche de un domingo, probablemente, mi percepción de tu presencia no habría sido la misma. Y entonces vos serías ahora parte de un recuerdo anecdótico. Efímero. Quizás el paisaje de Puerto Madero hizo lo suyo en esta idealización que de vos hice. No recuerdo qué decías. Recuerdo cómo lo decías. Y cómo mi mirada paneaba de tus ojos a tus labios. Y cuántas ganas tenía de besarte.

Fantaseo con la posibilidad de no haberte conocido.

sábado, 12 de mayo de 2012

Estado de angustia

Intentaré expresar con palabras los síntomas que el enfermo de angustia experimenta cuando padece uno de sus recurrentes ataques.

Es importante entender que, por lo general, el paciente suele presentar una cierta predisposición a la angustia. Pero también es cierto que tal tendencia en su naturaleza le es inevitable. Hay ciertos objetos, lugares, sonidos, en fin, estímulos sensoriales, que activan en su espíritu una serie de recuerdos aún frescos que se representan en su memoria de manera tan vívida que el paciente entra en una suerte de trance esquizofrénico. Estado en el que pierde toda noción espacio-temporal. De repente, el pasado es presente. Y el presente ya no existe.

Ante tales estímulos, el tiempo se dilata. Las capacidades sensoriales se reducen al mínimo. Los ojos del paciente suelen, en momentos críticos, empañarse de lágrimas, lo que afecta directamente a su visión. La audición sigue intacta, pero los sonidos reales del presente se mezclan con palabras del pasado, anulando la distancia entre ambos tiempos. El rostro se desfigura, los labios se secan. El paciente se sumerge en una profunda depresión.

La sensación es comparable con la de la borrachera o la de la ensoñación.

Los ataques pueden durar varios minutos y, una vez superados, existe la posibilidad de que el paciente experimente algunos de los síntomas por unas horas más. Con frecuencia, también olvidan parte de lo acontecido.

domingo, 6 de mayo de 2012

No cierres los ojos

En este momento, la imagen no es muy clara. No puedo garantizarte un relato que se permita demasiado detalle, pero intentaré hacer el esfuerzo. Lo primero que recuerdo, y debo decir que lo hago con muchísima nitidez, es que estábamos en un jardín de esos laberínticos que bien podría haber sido sacado del "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen. Sonaba una canción muy parecida a "Guide Me Home". El día estaba resplandeciente. Verano tibio. El reflejo del sol en las flores blancas iluminaba tu rostro de una forma tan armoniosa que resultaba imposible no enamorarse. Tu mirada nunca fue más despojada y sincera. Ese brillito inconfundible de tus ojos marrones.

No me acuerdo bien en qué momento la música fue apagándose. De repente, oscuridad absoluta. Pero tus ojos seguían ahí. Intensa la mirada. Por algún motivo, las palabras no me salían. Pero supe que entendiste mi pedido: no cierres los ojos. Por favor, no cierres los ojos. Los párpados pesan. Sé que esbozaste una sonrisa. Quedate así por siempre. No cierres los ojos, no me prives de tu mirada.

No importa cuánto insista. En algún momento lo vas a hacer. En algún momento lo hiciste.