sábado, 12 de mayo de 2012

Estado de angustia

Intentaré expresar con palabras los síntomas que el enfermo de angustia experimenta cuando padece uno de sus recurrentes ataques.

Es importante entender que, por lo general, el paciente suele presentar una cierta predisposición a la angustia. Pero también es cierto que tal tendencia en su naturaleza le es inevitable. Hay ciertos objetos, lugares, sonidos, en fin, estímulos sensoriales, que activan en su espíritu una serie de recuerdos aún frescos que se representan en su memoria de manera tan vívida que el paciente entra en una suerte de trance esquizofrénico. Estado en el que pierde toda noción espacio-temporal. De repente, el pasado es presente. Y el presente ya no existe.

Ante tales estímulos, el tiempo se dilata. Las capacidades sensoriales se reducen al mínimo. Los ojos del paciente suelen, en momentos críticos, empañarse de lágrimas, lo que afecta directamente a su visión. La audición sigue intacta, pero los sonidos reales del presente se mezclan con palabras del pasado, anulando la distancia entre ambos tiempos. El rostro se desfigura, los labios se secan. El paciente se sumerge en una profunda depresión.

La sensación es comparable con la de la borrachera o la de la ensoñación.

Los ataques pueden durar varios minutos y, una vez superados, existe la posibilidad de que el paciente experimente algunos de los síntomas por unas horas más. Con frecuencia, también olvidan parte de lo acontecido.

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