domingo, 6 de mayo de 2012

No cierres los ojos

En este momento, la imagen no es muy clara. No puedo garantizarte un relato que se permita demasiado detalle, pero intentaré hacer el esfuerzo. Lo primero que recuerdo, y debo decir que lo hago con muchísima nitidez, es que estábamos en un jardín de esos laberínticos que bien podría haber sido sacado del "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen. Sonaba una canción muy parecida a "Guide Me Home". El día estaba resplandeciente. Verano tibio. El reflejo del sol en las flores blancas iluminaba tu rostro de una forma tan armoniosa que resultaba imposible no enamorarse. Tu mirada nunca fue más despojada y sincera. Ese brillito inconfundible de tus ojos marrones.

No me acuerdo bien en qué momento la música fue apagándose. De repente, oscuridad absoluta. Pero tus ojos seguían ahí. Intensa la mirada. Por algún motivo, las palabras no me salían. Pero supe que entendiste mi pedido: no cierres los ojos. Por favor, no cierres los ojos. Los párpados pesan. Sé que esbozaste una sonrisa. Quedate así por siempre. No cierres los ojos, no me prives de tu mirada.

No importa cuánto insista. En algún momento lo vas a hacer. En algún momento lo hiciste.

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