lunes, 30 de julio de 2012

Siesta de primavera

Y cada tarde, Ella dormitaba en posición fetal, cubierta por un suave acolchado de plumas y enredadas sus piernas entre sábanas blancas. Su respiración era pausada y profunda. Le gustaba dejar la ventana abierta y la cortina cerrada, permitiendo así la entrada de la brisa primaveral y tiñendo del naranja de la tela los rayos del sol de las cuatro.

No podía evitar sonreír cada vez que lo oía a Él acercarse. Sus pasos sobre el flotante marcaban un ritmo firme y constante. Su perfume inconfundible endulzaba su presencia, cada vez más tangible. Ella se estremecía de placer cuando sentía los resortes del colchón reacomodarse mientras Él se sentaba en el extremo opuesto de la cama.

Por unos segundos, cesaba el ruido, se acababa el movimiento. Ella sabía que Él la estaba mirando. A veces, osaba acariciar sus bucles castaños. A Ella le gustaba hacerse la dormida. Podría congelar ese instante y hacerlo eterno si le fuera posible. Pero todas las primaveras terminan algún día.


Milagros Betti y Mauricio Navotka para Pura Imagen ®.

1 comentario:

vickie dijo...

¡Qué lindo relato! Una cuando lee puede situarse en la escena, elegís lindas expresiones, mucha suavidad.