miércoles, 11 de diciembre de 2013

Todo empieza con un viaje

Todo empieza con un viaje inolvidable. Aferrado a tu desenfreno estroboscópico, las luces que debieran guiarme simplemente me ciegan, me llevan a la absoluta perdición. Me desorientan y me abandonan en un estado de lisergia pura. Me envuelve una falsa realidad llena de mentiras piadosas. El recuerdo borroso de una niñez oscura entre señoras blancas que no hablan de nada. Nadie nos mira, están demasiado ocupadas. Termina la tarde con un señor enojadísimo frente al cual nos encontramos suplicando perdón. Vuelvo entonces a experimentar esa profunda culpa del pasado, que jamás lograré dejar en el olvido.

@LucyBeatles - @juan_tauil

Todo empieza con un viaje en plena ruta. Abrigados por un sol vespertino que todo lo pinta de naranja. Me pedís que frene para comprar algunas frutas. Mencionás lo mucho que te gustan los daikiris y me recordás de la fiesta de esta noche. Enumerás una lista interminable de invitados a los que debemos recibir mientras asiento en silencio. Finalmente hacés una pausa. Tratás de leerme con la mirada y te quedás como a la espera de una respuesta. Yo sé que mi silencio te exaspera. Más me callo.

@niebieskki


Todo empieza con un viaje por un pasillo lleno de puertas. Todas ellas abiertas excepto la de entrada, que permanece bloqueada. Andrés mira a Mili. Sabe lo que está pensando, sabe que no se dará por vencida hasta que el misterio quede resuelto. Mili hace torpes intentos para abrirla con el pico. Andrés permanece pasivo y en silencio. Mili hace le hace un gesto pidiéndole ayuda. Busca en él un cómplice, lo tienta con la idea de ser libre. Pero Andrés se rehúsa una, dos y hasta tres veces. Mili llora, o cacarea agudamente. Andrés intenta serenarla con sus alas débiles, todavía de pollito. Por el fondo del pasillo, una sombra humana se les acerca a toda velocidad hasta taparles por completo la luz, como nubes grises anticipando una tormenta eléctrica. Mili y Andrés cierran los ojos y se resignan a su destino.

@Mattlock_

jueves, 28 de noviembre de 2013

Instrucciones para sacarse una autofoto

Los primeros calores de la primavera suelen traer consigo creces en el autoestima del ser humano y despiertan en el mismo la notable necesidad de exhibirse para, como también se observa en otras especies animales de inferiores capacidades sociales, inaugurar la tan esperada temporada de apareamiento.

Gracias a los avances de la tecnología, dicha demanda puede satisfacerse de manera considerablemente más eficaz entre los humanos actuales en comparación a sus antecesores. Basta con tener a mano un dispositivo fotográfico –preferiblemente de soporte digital, para agilizar el proceso– que puede, en el mejor de los casos, también contar con conexión a Internet móvil.

La locación ideal para la toma de la imagen es un baño. Preferiblemente, uno privado y que presente un deterioro avanzado. Detalles como manchas de humedad, rayones en el espejo y cerámica carcomida le dan un valor agregado al resultado final. En caso de no tener acceso a baños que cumplan con estas características, siempre se puede optar por los de un shopping o club nocturno, aunque, naturalmente, es difícil lograr concentrarse en un buen encuadre con tanta gente entrando y saliendo.

A propósito del encuadre de la fotografía, se recomienda seriamente que incluya elementos como toallones, desodorantes de ambiente, inodoros, cepillos de dientes, peines, rollos de papel higiénico, etc, por lo que, cuanto más amplias sean las dimensiones del espejo elegido para la ocasión, más abarcativo el plano y, por ende, mejores serán los resultados de la imagen final.

Téngase siempre presente que el objetivo único de todo el despliegue realizado consiste en lograr seducir a la mayor cantidad de potenciales amantes que sea posible. Una fotografía con dicho fin que no incluya, al menos, desnudez de torso –sin importar el grado de tonificación o flacidez del mismo–, está destinada al fracaso absoluto. En cualquier caso, es recomendable endurecer el área abdominal al momento de la captura y, de ser posible, angular levemente la cintura con respecto al eje óptico del dispositivo, apoyando el peso del cuerpo sobre la pierna que más cerca del espejo se encuentre.

La mirada del fotógrafo-modelo debe lucir como perdida, ausente. Dirigirla a su mismísimo reflejo y no al del objetivo del dispositivo de captura garantiza un ademán más adecuado a los fines perseguidos. La expresión del rostro ha de completarse con un marcado frunce en los labios, logrando un híbrido entre la postura que la boca adquiere al momento de besar una superficie plana y el pico de un pato.

El dispositivo fotográfico –o “cámara”–, se sostendrá con la mano hábil de quien se esté fotografiando, elevándose por encima de la cabeza o bien posicionándose a la altura del pecho. Mas nunca ubicar la cámara de manera que el reflejo del rostro se vea obstaculizado por la misma, a no ser, claro, que no se goce de una cara orgullosamente agraciada.

Recuérdese que el instante de la captura es decisivo. En caso de no lograrse los resultados esperados en el primero intento, repítase el proceso cuantas veces sea necesario. Permitirse añadir efectos como sobreexposición, imagen movida, dedo en cámara o foco blando dotan a la fotografía de un estilo arbitrariamente casual que suele ser muy bien recibido por los espectadores más ávidos de sexo.

Sólo resta aplicar algún filtro predeterminado a la fotografía ya digitalizada, subirla a alguna red social y esperar las repercusiones.

domingo, 4 de agosto de 2013

La recuperación de los lugares expropiados por el amor

A veces, generalmente después de algún desengaño amoroso y el consecuente e ineludible proceso de desidealización del sujeto amado me gusta salir a perderme por la ciudad. Si es invierno, el paseo errático es doblemente provechoso. No solamente nutro a mi destrozado espíritu con deliciosas imágenes urbanas, sus gentes, sus luces, sus calles y sus cafés, sino que además, el golpe seco del viento sobre mi rostro me recuerda que estoy vivo e inhibe cualquier tentativa de llanto, como si congelara las lágrimas incluso antes de su gestación.

Y entonces me adueño de Buenos Aires. De repente, me siento amo y señor de todo lo que la compone. Como si estuviera ahí para mí, esperándome, construida con la única intensión de sanarme, recibirme cuando lo necesite. Es el momento de la resignificación de la ciudad. Me dispongo a visitar los lugares que fueron nuestros. La plaza del primer beso, el café en el que nos conocimos, tu disquería preferida... Todo está teñido de recuerdos, que dejan de ser "felices" por el mismo motivo por el que son "recuerdos". El pasto, la mesa contra la ventana, los discos que agarraste para mostrarme, el cartel del que te reíste, el colectivo que nos tomamos, el kiosko en el que compraste tus cigarrillos y todos los cigarrillos de esa marca.

Todo contaminado. Todo sucio. Todo expropiado.
El proceso es lento y doloroso pero definitivamente, necesario.

lunes, 29 de julio de 2013

Acostados

Su pelo. Arroyo cobrizo. Rabiosa cascada que desciende por su cuello y desemboca en el pasto con la timidez de un niño que prueba la temperatura de las aguas antes de adentrarse por primera vez en ellas. La suavidad de sus cabellos se asemeja a un suspiro primaveral, al silencio del campo o al aroma inconfundible de las copas de los árboles acariciadas por una brisa vespertina. Ver sus ojos cerrados hacia el sol y sus mejillas coloradas es como andar descalzo por el aire.

Suspira con ruido a nubes.

Es el azul del cielo. Irreproducible.

Inalcanzable.

sábado, 27 de julio de 2013

Sos la primavera

Te regalo todas las hojas secas para que te acuestes sobre ellas, apiladas, aunadas, discretas, calladas. A la espera. Suaves, pasivas.

Te las regalo para que las arrojes al aire y bailes mientras caen despacio, lentas, laxas, distraídas, distendidas, relajadas, dormidas. Una lluvia seca de llamas apagadas que forma charcos de otoño alrededor de tu ofrenda etérea, hipnótica, divina, celestial.

Sos la primavera.

martes, 23 de julio de 2013

Una carta nunca enviada

M,

¿Cómo abrir una carta dirigida a alguien que no conocés en absoluto? ¿Cómo lograr mantener su atención a pesar de que el autor de la misma sea un perfecto desconocido y que, a priori, nada los une? Calculo que la respuesta a la primera pregunta sería "no con un interrogante". Mala mía. En cuanto a la segunda, por lo pronto, me reservo el derecho a no contestarla.

"Explicale quién sos y cómo llegaste a él sin quedar como un creepy" pienso. Para cuando me decido a hacerlo, veo que acabo de escribir la consiga, lo cual se supone que no debería haber ocurrido. Resigno entonces, desde ahora en adelante, todo intento de formalidad y asumo expresamente el riesgo de que para estas líneas, la carta ya sea un bollo de papel enredado entre retazos de tela en algún tacho de basura. Trágico destino.

"Deliraste. Empezá de vuelta". No. Continúo desde donde quedé. A continuación y a modo de prólogo introductorio, una puesta en contexto que, prometo, trataré de no hacer tan extensa.

Siempre fui un aficionado a las cartas manuscritas, incluso a pesar de que pertenezco a una generación que casi no tuvo la necesidad de hacer uso de ellas para comunicarse. Supongo que fueron la llegada del progreso y la paradójicamente llamada "Era de la Comunicación" las causantes de que el abanico de posibilidades se extendiera lo suficiente como para hacer del contacto una tarea más rápida y eficaz y quedara el uso del correo acotado a asuntos meramente burocráticos y legales.

Pero yo, humilde reivindicador del romanticismo, obstinado defensor de las viejas buenas costumbres, manifiesto mi lucha con medidas de resistencia extremas. Hace algunas semanas, cerré mi cuenta de Facebook. Sí, señor. Algunos me tildan de "revolucionario". Sin embargo, aparentemente, el mundo sigue girando y ningún gobierno se ha sentido amenazado por mi subversión. Los resultados poco importan; yo me siento el Che de las redes sociales.

A partir de entonces y desde mi exilio virtual, comencé a ocupar mi tiempo libre en escribir cartas cada vez que se me presenta la oportunidad. ¿A quiénes? Elijo rigurosamente a sus destinatarios. Tienen que resultarme, por algún motivo, interesantes y sensibles. Y bien, supongo que estas características representan un buen porcentaje de la personalidad de alguien que dice trabajar para "generar ropa que enamore".

En esta búsqueda por incorporar nuevos contactos afines a mis demandas, una amiga me comentó acerca tuyo y de tu trabajo. Me resultaste un candidato por demás interesante y es por eso que me decidí a escribirte. Supongo que si llegaste a leer hasta acá es porque no me equivoqué en la elección y, por cierto, quedaría contestada así la segunda pregunta con la que abrí la carta.

En cuanto a mí, estimo que para que la presente resulte en alguna medida atractiva y su existencia aporte novedad a su destinatario, será necesario  destinar al menos un párrafo a la descripción de su autor -que no es Maradona, a pesar de que hable en tercera persona-. Además, creo que lo justo es que tengas alguna referencia mía, por pequeña que sea, para que estemos más o menos a mano, y de esta manera evalúes si el deseo de mantener el contacto es recíproco o ridículo.

Bien. Tengo una extraña fascinación por los lugares abandonados. Me gustan las charlas de café y si es invierno, suelo elegir alguna mesa que de a la calle para contemplar el paso de los friolentos transeúntes. No conozco París pero sé que es mi lugar en el mundo. También creo que Avenida Corrientes es el escenario perfecto para enamorarse y encuentro deliciosas las pequeñas siestas en el tren de vuelta del trabajo -el de las 16:35-, hundido en el asiento y con la frente pegada al vidrio, con el último sol de la tarde acariciando mis mejillas. Cuando paso por el Barrio Chino, siempre me traigo alguna tira de lucecitas navideñas que sé que me servirán para adornar alguna ocasión especial. Los chocolatines semiamargos son mi soma y no me molesta ir al teatro solo. Estudié cine pero me consideraré cineasta sólo cuando logre filmar la sutileza.

Con ese último -y único- dato concreto sobre mí, doy por concluida la descripción más imprecisa en la historia de las descripciones y te invito a que, si te atrae la idea, juegues a pensarte de la misma manera y me lo cuentes ("lo ponés en un compromiso, no seas maleducado") o no.

En fin, no se me ocurrió ningún cierre demasiado original. Pero no me importa, tengo inmunidad porque me desligué expresamente de toda estructura al comienzo de la carta. Simplemente, la responderás a la dirección del remitente si te apetece y si no, tendrás en tus manos la libertad de hacer con ella lo que te plazca. Con que la hayas leído, su misión está cumplida.

Algunas sugerencias alternativas: es un excelente elemento para equilibrar patas de mesas desparejas y su papel cumple con todos los requerimientos necesarios para armar los planeadores más precisos que se hayan conocido.

Como dijo Platón en su libro "No seré feliz pero tengo marido": "Lo dejo a tu criterio".

J.

miércoles, 17 de julio de 2013

Un recuerdo hecho carne

Mirá mis dedos y fijate cuánta piel me arrancaste.

Un recuerdo en el aire

Salir a la calle una tarde de julio y sin abrigo. Caminar con la ligereza de un flâneur despistado. Andar liviano, caricias del sol. Pasearse en mangas cortas en pleno invierno. Sentirse descalzo.

A todo eso huele tu perfume.

domingo, 14 de julio de 2013

El silencio como espacio propicio para la inspección del alma.

¿De qué se habla cuando ya se dijo todo? ¿Será que tendremos que aprender a callarnos? Que el silencio diga lo que falta. Porque cuando nos callamos, vemos con mayor claridad y profundizamos el sentido de la vista. Y cuando se agotan las imágenes que somos capaces de ver, cuando no podemos ver más de lo que está frente a nuestros ojos, nos queda MIRAR. Sólo cuando llegamos a la mirada, logramos la comunicación más genuina que puede haber entre dos seres humanos; miramos el alma.

Quien no haya nunca experimentado tal sensación, quizás deba hablar menos.

viernes, 5 de julio de 2013

Sana, sana.

"Tranquilo" me digo mientras me acomodo en alguna butaca de la primera fila de una salita de cine en algún rincón de la ciudad. "Hace un frío intolerable afuera" pienso. Si bien sé que es cierto, y el sobretodo gris que siempre uso en invierno apoyado sobre la butaca que elegí para mí mismo da cuenta de ello, también entiendo que es un patético pretexto para excusar la poca convocatoria que tuve, una vez más. Sé que esta noche, como todas las medianoches de viernes, las imágenes que no hace mucho generé, se proyectarán una tras otra en una pantalla no muy grande, no muy blanca, no muy limpia, y ante la mirada de menos de una decena de curiosos espectadores, cuyas expectativas, estoy seguro, no lograré colmar.

Sin embargo, esta noche no será tan triste como la de la semana pasada. Ni la de la anterior. Esta noche, tengo una certeza. Sé que entre las sombras de las butacas, en medio de la oscuridad de la sala, seguramente en el rincón más tímido y desolado, ahí estarás vos, dándome la fuerza que necesito.

Cuando te llamé ayer a la noche estaba agobiado. Cansado y hastiado de todo. Deseando que las próximas funciones se suspendieran por alguna razón. Que mi presencia no fuera necesaria. Deseé, incluso, nunca haber filmado esa película. Todo lo que hago últimamente es comer, dormir y escribir. Imaginate cómo cambió mi ánimo al saber que vendrías hoy a verme. Porque sé que tu presencia hará de esta función una noche diferente, cuando las luces se apaguen y se encienda el proyector.

Esta vez será sanador.
La película nunca se habrá visto tan perfecta y alegre.
Nunca brillarás tanto en la pantalla.
Jamás me sentiré tan hecho.

Libre adaptación de "Super Trouper" - Abba.

domingo, 30 de junio de 2013

Un texto recuperado

En la profundidad de sus ojos color marino me arriesgaría a investigar los recovecos más incógnitos de su espíritu.

De sus labios sólo nacen palabras inconexas. Palabras endulzadas por el carisma de su voz. Interrumpir su discurso es casi un sacrilegio.


Musa inspiradora de poemas que nunca fueron escritos.

sábado, 29 de junio de 2013

Imágenes en menos de 140 caracteres.

1. Su cara pintada de violeta por las luces del cartel de neón debajo del cual nos amparamos de la lluvia por dos o tres minutos.

2. Tirados en el pasto de una plaza con olor a primavera en pleno abril nos creímos dueños de la ciudad.

3. Sos los segundos que anteceden a quedarse dormido; un sinfín de imágenes hermosas que, despierto, no tienen sentido.

4. Traés con vos la primavera.

domingo, 23 de junio de 2013

Michel Foucault acerca de la identidad.

"Si la identidad no es más que un juego, si no es sino un procedimiento para favorecer relaciones, relaciones sociales y relaciones de placer sexual que crearán nuevas amistades, entonces es útil. Pero si la identidad llega a ser el problema mayor de la existencia sexual, si las gentes piensan que deben «desvelar» su «identidad propia» y que esta identidad debe llegar a ser la ley, el principio, el código de su existencia, si la cuestión que perpetuamente plantean es: «¿Esto es acorde con mi identidad?», entonces pienso que retornarán a una especie de ética muy próxima a la de la virilidad heterosexual tradicional. Si debemos tomar posición respecto de la cuestión de la identidad, debe ser en tanto que seres únicos. Pero las relaciones que debemos mantener con nosotros mismos no son relaciones de identidad; más bien, han de ser relaciones de diferenciación, de creación, de innovación. Es muy fastidioso ser siempre el mismo. No debemos excluir la identidad si la gente encuentra su placer mediante el cauce de esta identidad, pero no hemos de considerar esta identidad como una regla ética universal."


"Michel Foucault, una entrevista: sexo, poder y política de la identidad"

viernes, 31 de mayo de 2013

Planes de viernes por la noche

Me guardo. "Pero si te guardás," pienso "Jonatan," me digo "nunca conocerás a nadie que se interese en vos" concluyo. "Nadie a quien maravillar con tu mirada" reflexiono, "que bien sabés que maravilla" me reconozco. "Nadie a quien le suden las manos" imagino "por el sólo hecho de animarse a hablarte" continúo. "Nadie" me repito "que se valga de su audaz oratoria para tratar de seducirte" pienso mientras sonrío. "Nadie que logre tenerte en sus sábanas" fantaseo "y que te diga que su noche a tu lado ha sido simplemente perfecta. Nadie que te acaricie el pelo mientras posás tu cabeza en su regazo" me entusiasmo. "Nadie que te despierte con un desayuno y conserve, aún bajo la luz del día, su encanto de la noche. Nadie cuyos ojos delaten un entusiasmo adolescente, indisimulable, por tu sola compañía. Nadie que te despida con un beso y un abrazo, que cierre la puerta cuando salgas al pasillo rebosante de felicidad mientras pensás que quizás esta vez sí es..." deliro. "Nadie" continúo bajando el nivel de alegría "que genere en vos nuevas ilusiones que se rompan en mil pedazos cuando decida no hablarte más". "Nadie". Mejor me guardo.

sábado, 18 de mayo de 2013

PERSONAS I

Sábado 18 de mayo de 2013. 3:00 hs. Línea 140.


Ella claramente había pasado un par de horas frente al espejo la noche del viernes en la que se encontraron. Muy probablemente, había estrenado algún accesorio. Quizás alguna pulsera. Lástima que hacía un frío de invierno y las mangas de la campera blanca inhibían su ostentación.



La cita terminó mucho antes de lo que ella habría estimado. No calculaba volver antes de las cinco o seis de la mañana. Pero él simplemente era impresentable. Nada que ver con lo que ella había imaginado. Claro, él también era tímido, se lo notaba nervioso. Posiblemente no tenga mucha experiencia con mujeres y citas y todo ese mundo lleno de códigos que uno debe aprender antes de aventurarse a intentar seducir a una.



A ella, había algo de esa timidez y torpeza que, en algún punto, le despertaba cierta ternura. Lo suficiente como para aguantar hasta las tres de la madrugada, no tanto como para acceder a ir a un telo con él.



Antes de bajarse del colectivo, él, sentado a su lado, le contaba de sus compañeros de trabajo y de lo jodones que son. Ella claramente se esforzaba por demostrar interés. Terminó la conversación cuando él tuvo que bajarse, despidiéndola con un "acordate de agregarme" mientras ella sacaba los auriculares de su cartera, también blanca.



Lo que duró el resto del viaje, ella permaneció escuchando música con la cabeza apoyada en la ventana del colectivo y los ojos perdidos en el paisaje fugaz de la noche. Noche que recién comenzaba para muchos de los jóvenes que se alineaban en interminables filas, en las puertas de los boliches por los que el 140 pasaba.



En cambio, ella seguramente no veía la hora de llegar a su casa, sacarse el maquillaje y junto con él, todas las ilusiones que se había hecho para esa noche. Por supuesto que a las chicas no les contaría la verdad. Les comentaría que "la cita estuvo bien, el pibe es re agradable pero no sé, no me cierra" con un tono de convicción que debería practicar más tarde frente al espejo. El mismo espejo en el que cinco horas antes había formado cada rulo de su cabellera con una rigurosidad de artesano, con la esperanza de que esa noche le cambiara la vida.


domingo, 5 de mayo de 2013

Psicofango (incompleto)

Escribiré esta noche palabras
que no reconoceré como propias mañana,
cuando despierte con el día,
enceguecido por lagañas
intentando vanamente
recuperar los rostros
de esta multitud de gente
que entre pizzas y cervezas
recita sus almas,
vacía sus mentes,
versa sus miedos,
se expone, valiente.
Habla del viento,
habla de amor.
Habla de Juan Román,
habla de muerte.
Se convierte en sonido,
se libera el contenido.
Sólo son voces,
sólo son gritos.
Pura forma,
toca Bientito,
bailan los autores,
cantan los tíos.
Se arma el candombe,
se olvida el frío.
Se mojan las hojas
de este cuaderno.
Se borran las letras,
se caen los recuerdos.

miércoles, 24 de abril de 2013

Mi mundo en sus manos

Ubica su antiguo sillón de paja blanco bajo la sombra de algún árbol de su jardín. No es que el sol no le guste, pero su piel color papel no le permite exponerse a temperaturas demasiado altas. Recuerdo que se ponía mucho protector solar en la cara cuando salíamos a andar en bici por la ciudad. Siempre creí que la cantidad que usaba era un tanto desmedida. Pero la exageración fue siempre su especialidad. A veces, me contaba historias maravillosas. Anécdotas que incluían animales salvajes, aviones de guerra y experiencias metafísicas. Yo le creía, ¿por qué no habría de hacerlo? Su mirada era tan genuina, tan llena de vitalidad... En otoño optábamos por un café. En realidad, se contentaba con un té en hebras. La elección del sabor era una tarea que le tomaba varios minutos. En más de una ocasión, ante tal difícil decisión, preseleccionaba algunos gustos, elegía uno para tomar en el café y encargaba los otros para llevar. Entonces, me miraba y sonreía y me recomendaba algún té de los que tanto conocía. Yo me mostraba interesado. Nunca me animé a decirle que el té me gusta clásico y en saquito. Por momentos me resultaba tan infantil... Sobre todo, cuando se prendía un cigarro y me daba cátedra de alguna cosa que, secretamente, me parecía estúpida, redundante o carente de sentido. Y entonces me perdía en su forma de hablar y visitaba universos que sólo son accesibles cuando se está enamorado. Y así me refugié tardes enteras del otoño, graficándome su figura posada en un sillón de paja blanco, bajo la sombra de un árbol, con una sonrisa pícara y mi mundo en sus manos.

jueves, 4 de abril de 2013

Solos

¡Qué solos que estamos!

Y cuando nos declaro en soledad, invito a una reflexión más profunda que la del estado civil de cada uno de nosotros, o la cantidad de amigos que nos rodean. No. Solos en serio. Individuos únicos e irrepetibles. Incapaces de ser otros. Somos muchos, estamos todos juntos pero intensamente solos.

¿Hizo alguna vez usted el experimento de tratar de transmitirle a un(a) otro/a todo lo vivido a lo largo de un día? Imaginemos tal hazaña. Desde que nos levantamos al comienzo del día hasta el momento en que conciliamos el sueño -quizás, incluso, también durante el mismo-, experimentamos miles de estímulos y sensaciones. Hilamos un sinfín de pensamientos y transitamos una incontable cantidad de acontecimientos.

Probablemente, si nos lo propusiéramos, tendríamos que tomarnos un día entero para escribirlos, uno por uno, en detalle. Pero dicha empresa sería ridícula, pues, incluso durante su proceso, seguiríamos sintiendo, pensando y viviendo. No se puede dejar de ser humano aunque así nos lo propusiéramos.

Tomémonos la licencia de creerlo posible. Después de algunas largas jornadas de ardua escritura(1), estaríamos en condiciones de leerle nuestro informe a un(a) interlocutor/a X. Podríamos hacer uso de cuanto recurso paralingüístico tuviéramos a nuestro alcance para que nuestro discurso sea lo más preciso posible.

De cualquier forma, mi querido/a lector(a), nuestros intentos serían vanos. Nada de lo que pudiéramos contarle a un(a) otro/a se asemejaría siquiera, a lo experimentado en carne propia. Por lo que se llega a la conclusión de que nuestras vivencias son intransferibles. Nuestro/a interlocutor(a), por más voluntarioso/a que fuera, jamás podría dejar de ser él/ella mismo/a para ser, sentir, pensar o vivir como nosotros.

El fracaso de tan descabellado experimento es simplemente una de las tantas aristas que componen el estado de soledad que acabo de introduciros. Será que tendremos que empezar a concientizar tal condición de nuestra naturaleza humana para perderle el miedo y aceptar, finalmente, que nacimos, vivimos y moriremos completamente solos.

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(1) Hablo de "escritura" a modo de ejemplo. Es usted libre de elegir cualquier otro medio de expresión para llevar a cabo el experimento.

Yuxtaposición de palabras que intentan recuperar la percepción de una delicadeza perdida (o quizás nunca obtenida)


La delicadeza del último otoño juntos. Una piel suave y perfumada con su propio aroma. Una catarata de cabellos ondulados que descienden por la almohada y desembocan en las sábanas que compartimos esa tarde. Un suspiro apagado, el umbral entre la vigilia y el sueño.

La delicadeza de una mirada perdida mientras tomás el último sorbo de tu café con leche en alguna cafetería del centro de Buenos Aires. Que abras tu mochila y me muestres las anotaciones del poema en el que estás trabajando. ¡Que afuera llueva a cántaros! No importa.

La delicadeza de un abrazo perfecto cuando no haya más palabras que intercambiar. Silencio. Ya hablamos lo suficiente. Silencio. Escuchar la musicalidad del silencio.

La delicadeza de dos cuerpos recostados en el pasto imaginando que se pueden pisar las nubes. Ser niños por un rato. Complicidad.

Las caricias son la consecuencia de una mirada inocente.
La delicadeza, el mayor premio para las almas más sensibles.

domingo, 13 de enero de 2013

Identidad y estilo

Durante años me pregunté qué es exactamente el estilo de un autor y qué factores determinan la naturaleza del mismo. Lo que realmente me ha inquietado de la cuestión, desde mis primeros años como estudiante de cine, siempre ha sido la búsqueda del mismo y el temor que la posibilidad de no poseerlo me generaba (1).

Tras algunos años de experiencia y charlas compartidas con colegas y amigos, la respuesta parecía estar más cerca de mi alcance. Pues queda claro que aquello que se entiende como estilo tiene que estar obligatoriamente ligado a la esencia de cada uno. A su carácter, sus necesidades, sus inquietudes, sus preocupaciones, sus debilidades y sus obsesiones. Todos ellos son factores que constituyen, sin lugar a dudas, el concepto de identidad.

Quedando así emparentados ambos términos, resulta lógico pensar que si uno no logra construir su propia identidad, entonces, la posibilidad de encontrar y aplicar un estilo en sus obras se convertirá en un propósito absurdo, utópico y estéril.

La verdadera cuestión de fondo ahora se trata de vislumbrar el verdadero significado de identidad, y ha sido el mismísimo Michel Foucault el encargado de facilitarme la tarea. En una entrevista publicada en 1984, el filósofo francés afirma que "si la identidad no es más que un juego, si no es sino un procedimiento para favorecer relaciones (...), entonces es útil. Pero (...) si las gentes piensan que deben 'desvelar' su 'identidad propia' y que esta identidad debe llegar a ser ley, el principio, el código de su existencia, si la cuestión que perpetuamente plantean es: '¿esto es acorde a mi identidad?', entonces pienso que retornarán a una especie de ética muy próxima a la de la virilidad heterosexual tradicional. Si debemos tomar posición respecto de la cuestión de la identidad, debe ser en tanto que seres únicos. Pero las relaciones que debemos mantener con nosotros mismos no son relaciones de identidad; más bien, han de ser relaciones de diferenciación, de creación, de innovación. Es muy fastidioso ser siempre el mismo. No debemos excluir la identidad si la gente encuentra su placer mediante el cauce de esta identidad, pero no hemos de considerar esta identidad como una regla ética univeral"(2).

Está hablando, amigos, de la identidad. Está hablando del estilo.




(1) Incertidumbre que ha quedado expuesta en este mismo blog dos años atrás.
(2) "Michel Foucault, una entrevista: sexo, poder y política de la identidad". 1984.