domingo, 14 de julio de 2013

El silencio como espacio propicio para la inspección del alma.

¿De qué se habla cuando ya se dijo todo? ¿Será que tendremos que aprender a callarnos? Que el silencio diga lo que falta. Porque cuando nos callamos, vemos con mayor claridad y profundizamos el sentido de la vista. Y cuando se agotan las imágenes que somos capaces de ver, cuando no podemos ver más de lo que está frente a nuestros ojos, nos queda MIRAR. Sólo cuando llegamos a la mirada, logramos la comunicación más genuina que puede haber entre dos seres humanos; miramos el alma.

Quien no haya nunca experimentado tal sensación, quizás deba hablar menos.

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