viernes, 5 de julio de 2013

Sana, sana.

"Tranquilo" me digo mientras me acomodo en alguna butaca de la primera fila de una salita de cine en algún rincón de la ciudad. "Hace un frío intolerable afuera" pienso. Si bien sé que es cierto, y el sobretodo gris que siempre uso en invierno apoyado sobre la butaca que elegí para mí mismo da cuenta de ello, también entiendo que es un patético pretexto para excusar la poca convocatoria que tuve, una vez más. Sé que esta noche, como todas las medianoches de viernes, las imágenes que no hace mucho generé, se proyectarán una tras otra en una pantalla no muy grande, no muy blanca, no muy limpia, y ante la mirada de menos de una decena de curiosos espectadores, cuyas expectativas, estoy seguro, no lograré colmar.

Sin embargo, esta noche no será tan triste como la de la semana pasada. Ni la de la anterior. Esta noche, tengo una certeza. Sé que entre las sombras de las butacas, en medio de la oscuridad de la sala, seguramente en el rincón más tímido y desolado, ahí estarás vos, dándome la fuerza que necesito.

Cuando te llamé ayer a la noche estaba agobiado. Cansado y hastiado de todo. Deseando que las próximas funciones se suspendieran por alguna razón. Que mi presencia no fuera necesaria. Deseé, incluso, nunca haber filmado esa película. Todo lo que hago últimamente es comer, dormir y escribir. Imaginate cómo cambió mi ánimo al saber que vendrías hoy a verme. Porque sé que tu presencia hará de esta función una noche diferente, cuando las luces se apaguen y se encienda el proyector.

Esta vez será sanador.
La película nunca se habrá visto tan perfecta y alegre.
Nunca brillarás tanto en la pantalla.
Jamás me sentiré tan hecho.

Libre adaptación de "Super Trouper" - Abba.

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