jueves, 28 de noviembre de 2013

Instrucciones para sacarse una autofoto

Los primeros calores de la primavera suelen traer consigo creces en el autoestima del ser humano y despiertan en el mismo la notable necesidad de exhibirse para, como también se observa en otras especies animales de inferiores capacidades sociales, inaugurar la tan esperada temporada de apareamiento.

Gracias a los avances de la tecnología, dicha demanda puede satisfacerse de manera considerablemente más eficaz entre los humanos actuales en comparación a sus antecesores. Basta con tener a mano un dispositivo fotográfico –preferiblemente de soporte digital, para agilizar el proceso– que puede, en el mejor de los casos, también contar con conexión a Internet móvil.

La locación ideal para la toma de la imagen es un baño. Preferiblemente, uno privado y que presente un deterioro avanzado. Detalles como manchas de humedad, rayones en el espejo y cerámica carcomida le dan un valor agregado al resultado final. En caso de no tener acceso a baños que cumplan con estas características, siempre se puede optar por los de un shopping o club nocturno, aunque, naturalmente, es difícil lograr concentrarse en un buen encuadre con tanta gente entrando y saliendo.

A propósito del encuadre de la fotografía, se recomienda seriamente que incluya elementos como toallones, desodorantes de ambiente, inodoros, cepillos de dientes, peines, rollos de papel higiénico, etc, por lo que, cuanto más amplias sean las dimensiones del espejo elegido para la ocasión, más abarcativo el plano y, por ende, mejores serán los resultados de la imagen final.

Téngase siempre presente que el objetivo único de todo el despliegue realizado consiste en lograr seducir a la mayor cantidad de potenciales amantes que sea posible. Una fotografía con dicho fin que no incluya, al menos, desnudez de torso –sin importar el grado de tonificación o flacidez del mismo–, está destinada al fracaso absoluto. En cualquier caso, es recomendable endurecer el área abdominal al momento de la captura y, de ser posible, angular levemente la cintura con respecto al eje óptico del dispositivo, apoyando el peso del cuerpo sobre la pierna que más cerca del espejo se encuentre.

La mirada del fotógrafo-modelo debe lucir como perdida, ausente. Dirigirla a su mismísimo reflejo y no al del objetivo del dispositivo de captura garantiza un ademán más adecuado a los fines perseguidos. La expresión del rostro ha de completarse con un marcado frunce en los labios, logrando un híbrido entre la postura que la boca adquiere al momento de besar una superficie plana y el pico de un pato.

El dispositivo fotográfico –o “cámara”–, se sostendrá con la mano hábil de quien se esté fotografiando, elevándose por encima de la cabeza o bien posicionándose a la altura del pecho. Mas nunca ubicar la cámara de manera que el reflejo del rostro se vea obstaculizado por la misma, a no ser, claro, que no se goce de una cara orgullosamente agraciada.

Recuérdese que el instante de la captura es decisivo. En caso de no lograrse los resultados esperados en el primero intento, repítase el proceso cuantas veces sea necesario. Permitirse añadir efectos como sobreexposición, imagen movida, dedo en cámara o foco blando dotan a la fotografía de un estilo arbitrariamente casual que suele ser muy bien recibido por los espectadores más ávidos de sexo.

Sólo resta aplicar algún filtro predeterminado a la fotografía ya digitalizada, subirla a alguna red social y esperar las repercusiones.